Saviloe una bebida conocida que busca volver a encontrar su momento en el mundo.
- Mariagracia Aguirre
- hace 2 días
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Actualizado: hace 10 horas
Hay marcas que todos conocemos. Están ahí, en la góndola del supermercado, en la nevera de la tienda de la esquina, en la mano de un amigo. Las vemos, las reconocemos, pero rara vez nos detenemos a pensar en ellas. Sabemos que existen, pero no sabemos bien por qué están en nuestras vidas. Esto era exactamente lo que le sucedía a Saviloe, la bebida de aloe vera de Quala en Latinoamérica. Y en Ecuador no era mucho más que una bebida más en el mercado. ¿Cómo revives una marca?
Esa pregunta se convirtió en mi tesis de graduación. Pero más que un trabajo académico, se transformó en una aventura para redescubrir una marca que, sin que nadie lo notara, ya era parte de los pequeños momentos de millones de ecuatorianos. Este es el relato de ese viaje.
El dilema de la marca famosa que no tenía un "momento"
Empecemos por el principio. Si salías a la calle en Quito o Guayaquil y preguntabas "¿Conoces Saviloe?", lo más probable es que la respuesta fuera un "sí" rotundo. De hecho, nuestras investigaciones mostraron que más del 72% de las personas la conocían. Era, sin duda, la reina de las bebidas de sábila en el país. Top of mind, le llaman los expertos.
Pero había un "pero" enorme. Cuando preguntábamos "¿y cuándo te tomas una Saviloe?", las respuestas eran un enigma: "de vez en cuando", "cuando hace calor", "porque sí". La marca era famosa, pero su consumo era fantasma. Ocasional, difuso, sin un ritual. La gente la quería, pero no sabía muy bien por qué.
Para colmo, los números de ventas nos lanzaban una alerta: de repente, la gente había empezado a preferir la presentación más pequeña, la de 270 ml. Algo estaba cambiando en la cabeza del consumidor, y si no lo descifrábamos rápido, la marca corría el riesgo de quedarse atrás, siendo solo un "era conocido" en la historia de las bebidas.
La brújula que nos guió: escuchar al consumidor
Antes de lanzarnos a hacer campañas millonarias o a cambiar el producto, hicimos lo único que tenía sentido: salir a escuchar. Realizamos encuestas y charlas con cientos de personas, y en medio de esas conversaciones, una confesión se repitió una y otra vez. La gente contaba que tomaba Saviloe "en la pausa del trabajo", "después de una caminata", "cuando necesito un respiro en la universidad", "en ese momento del día en que quiero algo rico, pero sin pasarme".
¡Bingo! El momento de consumo ya existía, solo que nadie lo había nombrado. Saviloe no tenía que inventar nada. Solo tenía que apropiarse de esos "momentos de pausa" que ya habitaba de forma natural. La estrategia no iba a ser ruidosa ni compleja; iba a ser humana.
El plan: Convertir una pausa en un ritual
Así nació la campaña "Ser natural se siente bien". El objetivo era sencillo en el papel, pero esperabamos que tubiera una buena acogida emocional: lograr que, cuando alguien necesitara un respiro, pensara automáticamente en Saviloe. Y para eso, había que estar presente de muchas maneras.

Primero, había que contarlo. Creamos una historia que se adaptaba al ritmo del año. Empezamos en enero, con un mensaje de "Comienza en equilibrio", ideal para los que se apuntan al gimnasio. En primavera, invitamos a "Conectar con lo que te hace bien". En el agitado tercer trimestre, a "Encontrar tu ritmo". Y cerramos el año, en época de fiestas, con un "Cierra el año sintiéndote bien". Esta historia viajó por redes sociales (Instagram, TikTok), televisión, radio y vallas, pero siempre con el mismo tono: cercano, auténtico y real.
Segundo, había que vivirlo. Para que la gente no solo escuchara, sino que sintiera la marca, organizamos un concurso espectacular: un viaje a Galápagos. La mecánica era simple: colecciona las tapas que forman la palabra SAVILOE y ganas. ¿Por qué Galápagos? Porque no hay mejor símbolo de lo "natural" que nuestras islas encantadas. Además, nos subimos a la carrera Quito 15k. ¿Qué mejor lugar para una "pausa que se siente bien" que después de una carrera?
Tercero, había que estar en el lugar exacto. Nuestra investigación decía que el 12% de la gente compra bebidas en restaurantes y cafeterías. ¡Ahí tenía que estar Saviloe! Así que, sin necesidad de cambiar las rutas de los camiones repartidores, llegamos a 100 nuevos locales en Quito y Guayaquil (La Floresta, Urdesa, etc.) con pequeños exhibidores y porta-menús. También reforzamos la presencia con los vendedores ambulantes en zonas universitarias y oficinas, porque ellos ya eran parte del ecosistema de la pausa.
Y cuarto, un pequeño empujón al tenderito. Sabíamos que no podíamos bajar el precio final, porque eso haría que la marca perdiera valor. Pero sí podíamos ayudar al dueño de la tienda de la esquina. Le ofrecimos una promocion que llamamos el 12x11: por cada doce unidades que compraba, solo pagaba once. Esto en costo unitario representaba una reduccion al costo unitario de casi el 70%, el tendero gana mas margen de ganancia y la compañoa tiene más producto a la vista, y el precio para el consumidor seguía siendo el mismo. Un ganar-ganar.
La cosecha: Logros que van más allá de los números
Cuando hicimos los números. Las proyecciones mostraban que, si la campaña tenía una buena acogida, podríamos aumentar las ventas en 300,000 unidades al mes. La utilidad proyectada superaba los 7 millones de dólares, con un retorno de la inversión del 610%. Pero lo más emocionante no era solo el dinero.
Lo verdaderamente significativo era que, por primera vez, Saviloe dejaba de ser una cara bonita en la estantería para convertirse en una compañera de vida. Nuestro objetivo era que el reconocimiento de marca creciera, claro, pero sobre todo que la gente la asociara con un momento feliz. Queríamos pasar de un 12% a un 30% de personas que, al pensar en una pausa, pensaran en ella.
La marca saviloe se volvio más importante que solo un proyecto, era una tesis
Para mí, este proyecto fue mucho más que un trabajo de la universidad. Fue la constatación de que el marketing, bien hecho, no es un truco para vender más. Es una herramienta para encontrar la conexión con una marca y compartirla con el mundo.
Saviloe ya era parte de la vida de la gente, pero no era algo conciente. Nosotros solo le ayudamos a dar un paso al frente y a decir: "Hola, soy esa sensación de bienestar, soy esa pausa de la tarde". Y cuando una marca logra eso, deja de ser un simple producto. Se convierte en un pequeño ritual, en un gesto de cariño hacia uno mismo.
Hoy, al mirar atrás, veo que lo más valioso no fueron los números. Porque al final del día, todos necesitamos una pausa. Y ojalá, en esa pausa, haya un Saviloe.



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